El café ha tenido buen éxito en corto tiempo. La historia del café como bebida, una historia de unos 700 años, solo abarca la mitad del tiempo de la historia de su bebida competidora, el té. Según una leyenda, unos pastores de Etiopía notaban que las ovejas y las cabras permanecían despiertas por la noche después de comer las hojas de cierto árbol. Los pastores probaron las hojas y las bayas y con el tiempo prepararon con ellas una bebida que resultó ser estimulante. Mercaderes y viajeros de Arabia se llevaron consigo a su país desde Etiopía algunas de las plantas, y éstas crecieron bien en sus nuevos alrededores. De hecho, es por esta emigración a Arabia que la planta recibe su nombre científico, Coffea arabica. Por unos doscientos años el café continuó siendo un secreto estrechamente guardado por los árabes. Con el tiempo otros llegaron a saber acerca de esta planta, y hacia fines del siglo diecisiete los holandeses ya lo estaban cultivando en Java... y más tarde también en Surinam, en la costa septentrional de la América del Sur. A pesar de su presente popularidad, el café no fue aceptado inmediatamente como bebida popular. Surgió oposición a su uso por razones de moral y religión. Entre los musulmanes había diferencias de opinión en cuanto a si era correcto religiosamente usar esta bebida estimulante o no. En 1674 un grupo de inglesas solicitó a su gobierno que prohibiera el uso de una bebida que, según decían ellas, tendía a degenerar a los hombres de familia. Sin embargo, su popularidad continuó aumentando constantemente y el café consiguió la reputación de ser una bebida caliente favorita en casi todo país de clima templado o frío. |
| El origen del té.
El árbol del té (Camellia sinensis) crece en estado silvestre en China y Japón, donde alcanza hasta nueve metros de altura. Como habrá adivinado al leer su nombre en latín, es pariente directo de la camelia (Camellia japonica), hermoso arbusto ornamental de lustrosas hojas verdes y flores de exquisitos tonos rosados, blancos o rojos. De hecho, en chino se llama a la camelia ch’a hua, es decir, “flor de té”. ¿De dónde viene el té que conocemos? Según una obra de consulta, la primera mención fidedigna aparece en la biografía de un funcionario chino fallecido en el año 273 de nuestra era, aunque es probable que haya una mención anterior, pues Confucio (551-479 antes de la era común) habla en una obra suya de una planta que bien pudiera ser la del té (The Encyclopedia Americana). La primera alusión inglesa la hizo R. Wickham en 1615, agente de la Compañía Inglesa de las Indias Orientales. Para la segunda mitad del siglo XVIII, uno de los principales compradores de este producto era Thomas Garway, dueño del establecimiento que llegaría a conocerse como el café Garraway. En su forma cultivada, esta planta crece en muchas partes del mundo. Los holandeses la llevaron a Java en 1826, y los británicos, muy conocidos por el amor que le tienen, la propagaron en la India en torno a 1836. En la década de 1870 también la introdujeron en Sri Lanka, al haber destruido una plaga de hongos las matas de café. El té más popular en Occidente es el negro, al que los orientales denominan rojo, por el color de la infusión. Para producirlo, las hojas se someten a marchitamiento, se enrollan, se dejan fermentar (o curar) por completo y finalmente se secan. En el caso del té seminegro, se recolectan las hojas, se colocan en grandes cestas casi planas y se deja que alcancen el grado de fermentación deseado. Luego se revuelven en sartenes a unos 120 °C de temperatura a fin de detener la fermentación. El producto resultante posee un delicioso sabor y se toma sin agregarle azúcar, leche ni limón. El té menos curado es el verde. La fermentación se evita al máximo con la esterilización de las hojas, procedimiento que en Japón, la India y Sri Lanka se efectúa con vapor, y en China con calor seco. Esta infusión se toma sin añadirle nada. |